El
trazo precedió a la escritura. Desde tiempos prehistóricos, la línea transforma
la percepción de los contornos en múltiples direcciones de manera que cobren
sentido para el espectador. Predecible o incoherente, cada línea es una forma
visual que se prolonga por comunicar la continuidad de una imagen. Dibujamos de
manera que en nuestros trazos se reconozcan realidades vividas, teñidas incluso
de lo que no se ve porque está escondido.
La
línea, en el trazo de Elsa Morales, se tejió al soporte para resistir.
Molecularmente, asume las características del fondo, distorsionando su imagen
habitual y consigue realizar sofisticados cambios en su forma, color y soporte
con el fin de salvarse del fin y volverse inmortal, sin ser vista. Inmersa en
esta suerte de mimesis, la línea acontece sin medida. Evidentemente, las
palabras se han ocultado en la cara interior de su gestualidad, pero de sus
manos se desprenden, entre el sueño y la vigilia, una continuidad que devuelve
el pulso con latidos del cielo y la tierra.
El
legado artístico de Elsa Morales (1941–2007) es un capítulo pertinente para
comprender el arte venezolano de la segunda mitad del siglo XX desde una
perspectiva ética, ancestral y de género. En su momento catalogado de
"arte ingenuo" o "naïf", un análisis profundo y fuera de
definiciones de arte estrictamente eurocentristas nos revela que Elsa
trasciende esas y muchas otras etiquetas superficiales. Su obra es un
testimonio de expresionismo visual ligado a sus raíces indígenas y
afrocaribeñas, la poesía y la denuncia social. Su expresión, aunque
técnicamente autodidacta, intuitivamente resolvió situaciones plásticas
complejas como, por ejemplo, la composición, el color y la línea, creando un
lenguaje visual que es inconfundiblemente suyo e inequívocamente venezolano.
Por
otra parte, no hay candidez en sus retratos, paisajes, animales o cuerpos
femeninos; hay una consciencia aguda de la realidad que le tocó vivir. Como
sobreviviente de tráfico de personas y violencia de género, la belleza de la
vida cotidiana la animó siempre a pintar, pero no debemos obviar su sufrimiento
humano y cómo este siempre ha sido invisibilizado. Por tal motivo, la línea de
Elsa Morales es su instrumento de resistencia y el carácter que define las
formas. A menudo podemos reconocer detalles entrelazados sobre los planos de
color como secuencias textiles, texturas o detalles con la aplicación de líneas
más tenues, que evocan una experiencia casi táctil a los soportes. Todo lo
mencionado evidencia que la línea no siempre es recta; en su caso, suele ser
curva, trenzada y siguiendo, o mejor dicho, protegiendo la dignidad del género
femenino, los elementos de la naturaleza y, por añadidura, a todos quienes sean
considerados menos que los demás. Su obra es profundamente femenina y
feminista.
En
conclusión, habría que romper con la historiografía del arte tradicional y
abordar la obra de la artista venezolana Elsa Morales desde una visión crítica,
situada y decolonial. Sus retratos son el espejo del alma colectiva como
arquetipo y esencia. El "hilo de la línea" en Morales trasciende ser
un recurso estilístico simple; es ante todo una herramienta epistemológica. Sus
líneas no solo delimitan figuras; teje narrativas, conecta tiempos
(ancestralidad) y reconfigura el cuerpo femenino (género) fuera de la mirada
patriarcal académica. El hilo de la línea en Elsa es una suerte de vitral,
curado por el fuego y la tierra; traslúcido para dejar pasar la luz y sembrar
otras semillas silenciadas por la colonialidad del saber.
Jocelyn Lugo
Diciembre 2025.
Entrevista en el Periodico Últimas Notcias a próposito del Salón Nacional Elsa Morales.
https://ultimasnoticias.com.ve/cultura/elsa-morales-arte-y-espiritu-ancestral/



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