EL SUEÑO

 

EL SUEÑO

“Era de día, sin embargo, el sol se veía borroso por la fuerte neblina que unía el cielo con el Bayou.[1] Navegando en una canoa de madera a través del pantano todo parece apacible. En el agua oscura mi embarcación dibuja gestos que distorsionan el prehistórico paisaje detenido en su enigmático reflejo. Todo transcurre muy lento. El aire es denso.

Los árboles en la distancia yacen como tótems abatidos por vientos remotos de todas las esquinas del mundo. Las raíces, invisiblemente sumergidas, son la trama que teje la vida en este paisaje arcaico. No puedo evitar pensar que este lugar se remonta a la noche de los tiempos, y que ha atravesado todos los avatares de logro definir  el horizonte y no tengo rumbo fijo. Violentos rayos del Oeste rompen la calma. Las lianas (o barbas) que cuelgan de los árboles comienzan, lentamente, a moverse por el viento. Aunque el aire todavía  está húmedo y sin prisa, mi alma tiembla.

No muy lejos logro ver a una anciana de cabellos largos y blancos, con un vestido de trabajo color verde oliva. Alza sus brazos mientras el viento golpea sus cabellos. Me hace señas invitándome a su casa, que en realidad es una cueva. La luz dentro de su hogar era tenue y muy cálida. Mientras la señora me colocaba una manta, y me brindaba algo caliente para tomar, me llamó poderosamente la atención una estantería de piedra llena de objetos arqueológicos de todos los tiempos. No pude contener mi curiosidad y fascinación por tocar vasijas, puntas de lanzas, fetiches y otras cosas increíbles del futuro o de otros mundos.

Experimentaba una sensación indefinible de tener un pie en el universo exterior y el otro en el interior (siempre me he aventurado con temor y fascinación en éste último), que me produce una  sensación de plenitud, como si me convirtiera en una viajera de dos mundos. Por un lado, el visible, están los árboles, el aire denso del Bayou, su cielo estrellado, las tormentas eléctricas, sus aguas grises casi congeladas y apacibles. Por el otro, lo invisible se hayan sus gestos y sus misterios. El mundo oculto detrás del mundo se desvela de nuevo.

La señora no se sorprendió por mi intromisión. Me sentí infantil, pero no quería desperdiciar la oportunidad de tocar con mis propias manos las huellas del tiempo. Todo era tan nítido. Sus palabras iban directamente a mi alma, por lo tanto, no puedo asegurar si realmente sus labios articularon palabra alguna o si se comunicaba conmigo en otros niveles de conciencia. Lo cierto es que su mensaje era como el eco del sonido de los rayos afuera, que me anunciaban la proximidad de una tormenta.

En voz alta, pregunté: “¿Qué hacen esos objetos allí y por qué los guarda?”  Su prolongado silencio me hizo comprender que, a través de ellos, cuidaba a algunas personas, en las cuales yo misma estaba incluida. Luego, con su sonrisa amorosa, me insistió que buscara en la fecha de mi nacimiento. Encontré dos estantes cerca del suelo. En el primero había una vasija blanca vacía, una mochila de cuero para llevar agua y un vaso de terracota con cenizas. Y en el segundo había otro cubículo con cosas de mi infancia y también del futuro, que en ese momento reconocí pero que ahora no puedo recordar. No sé cómo llegaron a sus manos esos objetos tan personales, pero allí estaban.

Sentada en el suelo, las piernas cruzadas, examino mis objetos y siento cerca la presencia de otros espíritus. Aislada en mis pensamientos, de  pronto, miro fijamente los ojos azules de esta sabia mujer: eran  infinitos y llenos de una luz parecida a la estela de un cometa. Pero no me fue posible verla fijamente por mucho tiempo. La inmensidad de lo insondable es apenas un instante que a veces se revela”. (Miranda,2004:17)


Fragmento del texto Viento y Erosión: Gestos de una Metáfora, 2006.




[1] Palabra de del sur de los EE.UU que significa un cuerpo de aguas denso, apacible, que a ratos pareciera tan inmóvil que se confunde con tierra firme.

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